Sororidad

¡Sororidad ante todo!
Ahora más que nunca es necesario estar agrupadas, juntas pero más que eso hermanadas, considero relevante entrar en esta cultura de sororidad pues significa que somos hermanas de causa, por el solo hecho de ser mujeres, ser camaradas, estar dispuestas a la ayuda, en la que no cabe ningún sentimiento negativo como la envidia, la competencia encarnizada o la rivalidad.
Justamente esta cultura de la sororidad busca romper ese viejo mito de que “mujeres juntas ni difuntas” yo, como muchas compañeras de lucha pensamos y sentimos que ha sido un mito para mantener separadas a las mujeres.
Están sucediendo cosas terribles a las mujeres que cercanas de la familia, de nuestro barrio, de nuestra ciudad, de nuestro país, del mundo. Estamos en una situación crítica y si no nos agrupamos en una hermandad de género con el objetivo de buscar el crecimiento de todas y como consecuencia de la sociedad en general, no lograremos nuestros objetivos.
No nos abandonemos más, no lloremos solas, no veamos rivales en donde podría estar una hermana, porque eso somos ahora una hermandad sororal.

We won’t give up!

Martha Nussbaum

¿De qué sirven los derechos si no hay modo de ejercerlos?, se pregunta Martha Nussbaum en “Las capacidades de las mujeres y la justicia social”. Las libertades son un simulacro –letra muerta, como decimos en México– cuando no existen las condiciones institucionales y materiales para gozar de ellas. Porque no basta con los derechos, Nussbaum propone que nos preguntemos por lo que una mujer realmente es capaz de ser y hacer. A manera de guía, escribió una lista de capacidades funcionales, que no es corta: va desde la alimentación y la vivienda –pasando por la seguridad física, la salud reproductiva y la participación política– hasta la capacidad de usar la razón y la imaginación, de disfrutar del tiempo libre y de llevar una vida emocional sin miedo ni angustia. Será el lector quien decida si su listado puede ser la base para evaluar las políticas públicas de todos los países del mundo, o bien, si no es más que otra maroma filosófica del liberalismo que termina por imponer una visión occidental a las culturas extranjeras.

Adrienne Rich

En la década de los setenta –incluso, antes– varias mujeres denunciaron que la clase y la raza eran puntos ciegos del feminismo, y todavía en los ochenta las lesbianas no contaban para el movimiento, por lo cual Adrienne Rich publicó La heterosexualidad obligatoria y la existencia lesbiana.

En su trabajo Rich no se contenta con argumentar por la inclusión de las lesbianas, sino que hace un recuento de las razones y obstáculos que conducen a las mujeres a asumirse heterosexuales, aunque para muchas esta orientación sea insatisfactoria en la práctica. Además de conseguir una mejor vida en términos económicos y del miedo a ser excluidas y marcadas por la sociedad, la idealización del amor romántico y del matrimonio heterosexual evita que las mujeres imaginen, siquiera, la posibilidad de llevar una vida lesbiana sexual y afectiva. Aunque resbale en lo visceral, el objetivo de Rich fue detectar las coerciones silenciosas, sutiles, que conducen a esa heterosexualidad que se siente obligatoria. A pesar de que este texto se publicó en 1980, todavía es fácil encontrar artículos y llamadas al feminismo que no toman en cuenta a la sexualidad.

Necesitamos feminismo

El feminismo fue muy necesario y lo sigue siendo. La desigualdad en función del sexo existía desde la Antigüedad, cuando se les había asignado a las mujeres el cuidado de los hijos y labores domésticas, y los hombres estaban ligados al poder. Hasta finales del siglo XIX se consideraba a la mujer inferior al hombre ante la ley. Las mujeres carecían de derechos y debían obedecer al padre, siempre calladas y sin un salario propio.

Mientras el hombre en 1890 ya podía votar en España, la mujer no pudo hasta 1931. Tuvieron que pasar muchos años de lucha para que la participación de mujeres en la vida pública supusiera un avance en su situación social, política y laboral. Fue el movimiento feminista el que consiguió el derecho al voto de la mujer, el que nos permite hoy gozar de derechos que, en un pasado no tan lejano, nos fueron negados. Así, podemos afirmar con total rotundidad que la lucha feminista ha consistido desde el primer momento en conseguir la igualdad. En luchar por esos derechos que nos han arrebatado por el simple hecho de ser mujeres.

Hoy en día seguimos viviendo en un mundo que es gobernado en su mayoría por hombres. Un mundo en el que un hombre con tres denuncias por violencia machista logra ganar las elecciones como presidente del país más poderoso. Esto es el reflejo de una sociedad patriarcal que necesitamos deconstruir entre todos/as. Es la demostración de que el Feminismo sigue siendo más necesario que nunca.